América Latina atraviesa una crisis educativa silenciosa, pero devastadora. Según la ONU, más de 234 millones de niños en el mundo no reciben educación de calidad, y una gran parte pertenece a nuestra región. En México, tres de cada diez personas aún viven en condiciones de pobreza (El País, 2025), y el IMCO advierte que la falta de salud, educación y nutrición suficientes limita el desarrollo humano de toda una generación.
A cinco años de la pandemia, los efectos siguen presentes: aulas que no se digitalizaron, programas obsoletos, docentes mal remunerados y estudiantes desmotivados. La OCDE señala que los jóvenes mexicanos no superan el nivel educativo de sus padres, rompiendo con la promesa del progreso intergeneracional. En un contexto donde la revolución tecnológica redefine el trabajo, millones de niños y adolescentes crecen sin las habilidades que el futuro exige: pensamiento crítico, competencias digitales y empatía.
Paradójicamente, mientras el mundo habla de la revolución tech 5.0, buena parte de los estudiantes latinoamericanos no tiene conexión estable a internet, ni acceso a dispositivos, ni espacios seguros para aprender. La brecha digital se ha vuelto una brecha social y emocional. Formamos jóvenes hiperconectados, pero sin dirección; rodeados de pantallas, pero con menos horizontes reales.
Sin embargo, entre los escombros surgen ejemplos luminosos. La escuela mexicana A Favor del Niño, ganadora del World’s Best School Prize 2025, demostró que una educación integral —basada en comunidad, salud, nutrición y acompañamiento familiar— puede romper ciclos de pobreza. En Brasil, la Escola Estadual Parque dos Sonhos transformó la violencia en convivencia y la desesperanza en participación. Ambos modelos prueban que la innovación educativa no siempre nace de la tecnología, sino de la empatía y el trabajo colectivo.
Frente a esta realidad, tres rutas son urgentes:
Reinvertir con visión de futuro: priorizar presupuestos en infraestructura, bienestar docente y conectividad.
Actualizar los contenidos: formar en habilidades humanas y tecnológicas sin caer en el culto al algoritmo.
Integrar comunidad y salud mental: porque ningún aprendizaje florece en entornos rotos.
Educar ya no puede ser solo instruir. Educar hoy es sanar, conectar y preparar a una generación que no solo sepa usar la tecnología, sino también entender su propósito.
/ El domingo 19 de julio terminó el Mundial 2026 de futbol. La cifra final: 20 mil millones de visualizaciones de video en todas sus plataformas y casi siete millones de espectadores en los estadios.
Es decir, por un mes cerca de 30 millones de personas dirigieron su atención hacia el mismo lugar; sin embargo, los mundiales son mucho más interesantes cuando terminan, porque una vez que se apagan los reflectores aparece una pregunta incómoda: ¿qué nos dice todo esto sobre la forma en que construimos nuestras sociedades?
Tendemos a pensar que el futbol es únicamente entretenimiento. Sin embargo, basta observar lo que ocurrió durante las últimas semanas para descubrir que también funciona como un espejo. En él aparecen reflejadas nuestras esperanzas, prejuicios, anhelos colectivos y miedos. El Mundial no inventó el racismo, la xenofobia ni el clasismo que vimos circular en redes sociales, tampoco creó la solidaridad, la alegría o la capacidad de emocionarnos junto a personas que jamás habíamos visto. Lo que hizo fue amplificar todo aquello que ya existía.
Y quizá sea precisamente ahí donde se encuentra una de las lecciones políticas más importantes de nuestro tiempo. Vivimos en sociedades que parecen cada vez más organizadas alrededor del miedo. Miedo a quien piensa diferente, a quien viene de otro país, a quien tiene otra religión, otra orientación sexual, otro color de piel o simplemente otra manera de entender el mundo.
El miedo se ha convertido en uno de los recursos políticos más rentables del siglo XXI, y no es una casualidad porque simplifica realidades complejas. Convierte problemas estructurales en relatos fáciles de consumir. Siempre ofrece culpables perfectamente identificables. Si algo no funciona, la responsabilidad recae en “los otros”: los migrantes, los pobres, las minorías, los extranjeros o cualquier grupo que pueda transformarse en amenaza.
Gobernar desde el miedo tiene una enorme ventaja para quienes ejercen el poder: evita que hagamos preguntas difíciles. Mientras discutimos entre nosotros, dejamos de preguntarnos por qué persisten las desigualdades, quién se beneficia de ellas o por qué ciertas formas de exclusión siguen reproduciéndose generación tras generación.
El problema es que el miedo poco a poco reduce nuestra capacidad de imaginar futuros compartidos, nos convence de que la competencia es más importante que la cooperación y que la desconfianza es más segura que la solidaridad.
Las plataformas digitales han aprendido perfectamente esta lógica. Hoy no siempre triunfa el contenido más verdadero o más útil, con frecuencia es el que provoca más indignación. Mientras más enojo genera una publicación, más interacción produce y más tiempo permanecemos frente a la pantalla. Y mientras estamos ahí, más rentables nos volvemos, porque el conflicto se ha convertido en un modelo de negocio.
Frente a ello, hablar de alegría quizá sea una de las discusiones más urgentes de nuestro tiempo. No me refiero a una alegría superficial, diseñada para ignorar los problemas o fingir que todo está bien, hablo de la alegría entendida como decisión colectiva, como la capacidad de construir comunidad incluso en contextos difíciles.
Los momentos más memorables del Mundial no fueron únicamente los goles o las ceremonias espectaculares, fueron también las historias de cooperación, pertenencia y encuentro que aparecieron a lo largo del torneo. Vimos a Shakira compartiendo escenario con los Ghetto Kids de Uganda, unos niños que crecieron en contextos de pobreza extrema y que encontraron en el arte una posibilidad para cambiar su historia. Verlos bailar frente a millones de personas fue un recordatorio de que el deporte también puede abrir espacios donde normalmente no los hay. A ello se suma que Burna Boy, la estrella nigeriana y ganador del Grammy, se ha vuelto viral al cantar junto a Shakira la canción oficial del Mundial 2026: “Dai Dai”, lo cual lleva al afrobeat al mundo.
Por eso vale la pena preguntarnos qué tipo de sociedades queremos construir ¿queremos comunidades organizadas alrededor de enemigos permanentes o comunidades capaces de imaginar proyectos comunes? ¿queremos ciudadanos movilizados por el resentimiento o por la posibilidad de transformar su realidad? ¿queremos gobernar desde el miedo o aprender a vivir desde la alegría?
La diferencia es más importante de lo que parece. Una sociedad gobernada por el miedo levanta muros y ve peligro en todas partes, una que apuesta por la alegría construye puentes encuentra su fuerza en la cooperación y no ignora los problemas, pero tampoco permite que éstos definan completamente su horizonte y sus historias.
Quizá por eso la pregunta más relevante que dejó el Mundial 2026 no tiene que ver con quién levantó la Copa, si le íbamos a España o a Argentina, tiene que ver con el tipo de emociones que moldean nuestra vida pública. Porque las emociones también organizan sociedades, distribuyen poder y determinan qué futuro consideramos posible.
Y hoy, cuando la indignación parece dominar la conversación pública, defender la alegría puede convertirse en un acto profundamente político y urgente. No porque resuelva mágicamente nuestros problemas, sino porque la historia demuestra que las sociedades avanzan cuando son capaces de imaginar algo mejor. Y para imaginar un futuro distinto hace falta algo que el miedo nunca podrá ofrecer: esperanza. Construyamos la gozosa rebeldía de la alegría.
/ El lenguaje y la voz políglota del agua lleva un discurso que conecta saberes, que conoce de escasez, de desafíos globales y de un derecho. Existe el discurso económico, el político, el ambiental, el corporativo, el humanitario y el de la participación de las mujeres en la toma de decisiones. Y en conjunto, el discurso en la agenda global.
En el mes de marzo del año 2006, se llevó a cabo en la ciudad de México el IV Foro Mundial del Agua cuyo lema fue “Acciones locales para un reto global”. Se desplegó una estrategia de comunicación global que cubría cinco temáticas y un discurso potente. Promover mejores prácticas, la gobernanza y el intercambio de conocimiento construía la narrativa global del agua. Veinte años después, en el año 2026, se llevará a cabo en los Emiratos Árabes Unidos, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua: mejorar la gobernanza mundial y dar mayor visibilidad a las cuestiones relacionadas con el agua en la agenda internacional será la línea por seguir. Por tanto, el discurso, en concordancia y empatía con el año 2006, deberá ser potente a nivel global en donde la narrativa construya y no fragmente.
Desde esta perspectiva global, el discurso del agua tiene la responsabilidad de tejer el entendimiento de los temas, de los sucesos, de afianzar memorias y saberes comunitarios. Promover una gobernanza equitativa y sostenible para garantizar el agua como un derecho humano se logra mediante las acciones conjuntas y el mensaje: ¿cómo se plantea, ¿cómo se construye y cómo se transmite? Inclusive cómo se transita.
El agua busca su soberanía, se apega a su memoria. La participación de las mujeres en la construcción de su memoria y la cartografía discursiva se perfila como un eje de influencia en la promoción de una cultura del agua que debe integrarse y entenderse desde un pasado y en un presente para prever un futuro más sostenible. Es muy claro que el agua requiere de formas más innovadoras de representación discursiva para vincular temas de relevancia como la seguridad alimentaria, el impacto del cambio climático, la geopolítica y los conflictos, así como la reducción de la brecha de género. Leer y traducir la voz del agua de una manera distinta que nos lleve a promover la cultura del agua, a articular las nuevas memorias y ¿por qué no? a entender el mundo desde un discurso distinto.
Y al final ¿por qué importa el discurso global del agua?
Importa porque un discurso desarrollado desde una articulación firme y transparente genera conciencia y promueve acciones claras a partir de una narrativa que si construye y no fragmenta. Visualizar y reconocer el discurso del agua en la agenda global a partir de foros, de congresos, desde la academia, nos lleva a repensar nuestra posición en la esfera global de participación por el lenguaje del agua.
/ Mexico’s maritime trade is already operating under many of the rules of the global shipping transition. What Mexico has not yet done is fully align with them and capture the health and commercial benefits that alignment could bring.
The visit to Mexico by International Maritime Organization Secretary-General Arsenio Dominguez comes at a consequential moment. Mexico is modernizing its ports and positioning itself for new marine fuels. Yet, it remains outside MARPOL Annex VI, the IMO framework governing air pollution, energy efficiency and greenhouse gas emissions from ships.
/ El debate alrededor de la contratación de una especialista en relaciones públicas en Washington por el senador Alejandro "Alito" Moreno refleja más ignorancia y conveniencia política doméstica que comprensión o interés en el juego político en la capital estadounidense.
No se trata de alianzas, no se trata de convicciones, sino pura y llanamente de un servicio que bien podría considerarse como de “abrepuertas” en la capital estadounidense: si usted necesita buscar contactos e influencia en un gobierno republicano, contrata personas con vínculos republicanos; si lo que necesita son ligas con los demócratas, contrata demócratas.
/ Del fin de la Guerra Fría a la Segunda Guerra Fría 3.0 hay un país que ha visto y vivido de todo desde las entrañas: Ucrania. De formar parte de la entonces Unión Soviética y lograr su independencia de dicho país pasó a ser agredido brutalmente por la actual Federación de Rusia. De tener lazos históricos y familiares entre ambas fronteras, Ucrania ha sido presa de intereses geopolíticos y geoeconómicos. De ser simbolizada con la hoz, el martillo y la estrella roja con borde amarillo sobre fondo rojo evolucionó al tridente amarillo en fondo azul. De los colores rojo y amarillo del pasado, floreció al azul con amarillo en su presente y su futuro.
/ Europa lleva cuatro años intentando sostener una frontera delicadísima, ayudar a Ucrania sin convertirse directamente en parte del conflicto; Leipzig demuestra hasta qué punto esa frontera puede ser tensionada. El 4 de agosto, un dron cargado con explosivos fue localizado en el aeropuerto Leipzig/Halle, uno de los principales nodos logísticos de Alemania; atribuye el intento de ataque a Rusia, Moscú lo niega.
El incidente importa por algo más profundo que la autoría; revela hasta dónde puede extenderse la confrontación sin una declaración formal de guerra. Kaja Kallas lo calificó como terrorismo patrocinado por un Estado, Ursula von der Leyen advirtió que estas acciones podrían convertirse en una nueva normalidad y habló de una nueva era para la seguridad europea ante crecientes amenazas híbridas, Bruselas empieza a tratar sabotajes, drones, ciberataques e interferencias como instrumentos de presión estratégica.