Ingrid Hernández
/ El lenguaje y la voz políglota del agua lleva un discurso que conecta saberes, que conoce de escasez, de desafíos globales y de un derecho. Existe el discurso económico, el político, el ambiental, el corporativo, el humanitario y el de la participación de las mujeres en la toma de decisiones. Y en conjunto, el discurso en la agenda global.
En el mes de marzo del año 2006, se llevó a cabo en la ciudad de México el IV Foro Mundial del Agua cuyo lema fue “Acciones locales para un reto global”. Se desplegó una estrategia de comunicación global que cubría cinco temáticas y un discurso potente. Promover mejores prácticas, la gobernanza y el intercambio de conocimiento construía la narrativa global del agua. Veinte años después, en el año 2026, se llevará a cabo en los Emiratos Árabes Unidos, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua: mejorar la gobernanza mundial y dar mayor visibilidad a las cuestiones relacionadas con el agua en la agenda internacional será la línea por seguir. Por tanto, el discurso, en concordancia y empatía con el año 2006, deberá ser potente a nivel global en donde la narrativa construya y no fragmente.
Desde esta perspectiva global, el discurso del agua tiene la responsabilidad de tejer el entendimiento de los temas, de los sucesos, de afianzar memorias y saberes comunitarios. Promover una gobernanza equitativa y sostenible para garantizar el agua como un derecho humano se logra mediante las acciones conjuntas y el mensaje: ¿cómo se plantea, ¿cómo se construye y cómo se transmite? Inclusive cómo se transita.
El agua busca su soberanía, se apega a su memoria. La participación de las mujeres en la construcción de su memoria y la cartografía discursiva se perfila como un eje de influencia en la promoción de una cultura del agua que debe integrarse y entenderse desde un pasado y en un presente para prever un futuro más sostenible. Es muy claro que el agua requiere de formas más innovadoras de representación discursiva para vincular temas de relevancia como la seguridad alimentaria, el impacto del cambio climático, la geopolítica y los conflictos, así como la reducción de la brecha de género. Leer y traducir la voz del agua de una manera distinta que nos lleve a promover la cultura del agua, a articular las nuevas memorias y ¿por qué no? a entender el mundo desde un discurso distinto.
Y al final ¿por qué importa el discurso global del agua?
Importa porque un discurso desarrollado desde una articulación firme y transparente genera conciencia y promueve acciones claras a partir de una narrativa que si construye y no fragmenta. Visualizar y reconocer el discurso del agua en la agenda global a partir de foros, de congresos, desde la academia, nos lleva a repensar nuestra posición en la esfera global de participación por el lenguaje del agua.
















