Aribel Contreras
/ El pasado 17 de junio tuve el honor de asistir al Día de Suiza en la Residencia Oficial de dicho país en México en el marco de los 80 años de las relaciones diplomáticas entre ambas naciones. En dicho evento, el aún embajador Pietro Piffaretti anunció que próximamente concluía su misión en México y anticipó la visita del presidente de la Confederación Suiza a México.
En días pasados transcurrió está pertinente visita, donde uno de los temas abordados en Palacio Nacional fue la importancia de la actualización del Tratado de Libre Comercio entre nuestro país y la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC) conformada por Suiza, Noruega, Islandia y Liechtenstein. Dentro de estos últimos cuatro países, Suiza es el principal socio de México, alcanzando un intercambio comercial bilateral durante el año 2024 de 4 mil 800 millones de dólares. De hecho, se ha convertido en el sexto mayor inversionista en nuestro país, alcanzando un monto de 2,050 millones de dólares durante el año pasado. Además, cuenta con una presencia corporativa de más de 400 empresas establecidas en diferentes partes del territorio nacional, generando más de 55 mil empleos directos.
Pero esto no es casualidad; es trabajo, confianza y muchas herramientas de diplomacia económica a lo largo de ocho décadas. No ha sido inmediato; es el resultado de muchos botones accionados en el ámbito político, comercial y de cooperación. No solo se trata de voltear a ver las manecillas de los relojes suizos. Esto se construyó con un primer “perno” desde la apertura del primer consulado suizo en México en 1827. Se continuó con la colocación de una “manecilla diplomática” cuando México inauguró su primer consulado en Europa occidental justo en Ginebra, en 1875. Después se agregó el “extensible político” al formalizar las relaciones diplomáticas en 1946, en tiempos de la Guerra Fría. Transcurrieron varias décadas y la “correa comercial” se agregó finalmente en el año 2000 con la firma del Tratado de Libre Comercio entre México y la AELC.
Hemos visto cómo para Suiza, México es un socio clave al ser su segundo socio comercial más importante de América Latina (después de Brasil), por lo que en el año 2014 se agregó “movimiento” al crear el Swiss Business Hub (que forma parte de la Embajada de Suiza en México) y tiene como objetivo apoyar a la pequeña y mediana empresa de Suiza y Liechtenstein que busque desarrollar actividades comerciales en México y, al mismo tiempo, informa a las empresas mexicanas sobre los beneficios que ofrece Suiza como destino estratégico para hacer negocios e inversiones. Actualmente, el Swiss Business Hub representa también a Switzerland-Global Enterprise (organización oficial suiza encargada de la promoción de exportaciones e inversiones) y tiene como líder al Mtro. Rubén Araiza, quien ha realizado una labor extraordinaria al frente del mismo, ya que su capacidad de negocios, los diferentes idiomas que habla y su capital intelectual, le ha permitido a Suiza tener una persona clave que hace que el “motor” de negocios nunca pare.
En 2016 se incorporó la “manecilla pequeña” al fundar la Cámara Suizo-Mexicana de Comercio e Industria en la Ciudad de México, la cual actualmente alberga 66 empresas. Tres años más tarde se puso la “manecilla grande” al crear el diálogo bilateral en el ámbito de derechos humanos lo cual puso sobre la mesa, la importancia de este tema para ambos países. Este año el “triángulo de orientación” de esta relación bilateral celebra sus 80 años de amalgamar una agenda fructífera y para el año 2027 se celebrará el bicentenario del primer consulado suizo en nuestro país. Sin embargo, falta la “corona” de este reloj diplomático-comercial. Y esta se pudiera insertar cuando se defina un cronograma para modernizar el tratado comercial entre nuestro país y la AELC. Nuevas disciplinas se han integrado en la vida cotidiana como: el comercio digital, la propiedad intelectual, la inteligencia artificial, las cadenas de suministro vistas como un tema de seguridad nacional, entre otros temas. Por lo que la dinámica bilateral debe ser analizada bajo la lupa de que las manecillas de un reloj solo avanzan correctamente si se da el mantenimiento y el cuidado adecuado. En esta relación con tan buenos resultados se requiere aún aceitar la “caja del reloj” ante los desafíos geopolíticos con implicaciones geoeconómicas. No olvidemos que dependiendo con el “cristal” que se analicen los acontecimientos internacionales, deben ser las decisiones asertivas para enfrentarlos. Voces diplomáticas voltean a ver a México con una urgencia de diversificarse y ante un escenario de un nuevo desorden global 2.0 (como lo he bautizado desde este año) es impensable no fortalecer el “engranaje” de inversiones, negocios, turismo, educación, entre muchas otras esferas.
Suiza es referente en temas de innovación, sustentabilidad, farmacéuticas, educación dual, etc. México cuenta con recursos naturales excepcionales, una capacidad de integración en cadenas globales de valor en sectores manufactureros como el automotriz, y acceso a dos océanos. Por lo que ambos países pueden ser vistos como economías complementarias y que no compiten entre sí en otros mercados.
Hoy en día las nuevas dimensiones de la agenda global exigen que los socios confiables -aunque distantes geográficamente- busquen los espacios para intensificar la relación y no se esperen hasta que el reloj deje de hacer “tic-tac”.










