Más allá del encuentro entre Trump y Zelenski. La guerra de Ucrania en una nueva fase estratégica
Rubén Beltrán / La invasión de Rusia a Ucrania constituye una clara violación de la soberanía y la integridad territorial de ese país, así como una transgresión al Derecho Internacional. Las causales que Rusia ha esgrimido históricamente son del todo conocidas, pero no constituyen un factor que legitime la guerra. Los espacios para dirimir esas disputas no son los que determinan las armas. Rusia no está sola en esa tendencia: la acompañan Estados Unidos, Israel y otros países. El unilateralism
Rubén Beltrán
/ La invasión de Rusia a Ucrania constituye una clara violación de la soberanía y la integridad territorial de ese país, así como una transgresión al Derecho Internacional. Las causales que Rusia ha esgrimido históricamente son del todo conocidas, pero no constituyen un factor que legitime la guerra. Los espacios para dirimir esas disputas no son los que determinan las armas. Rusia no está sola en esa tendencia: la acompañan Estados Unidos, Israel y otros países. El unilateralismo de las potencias es el cáncer que puede llevarnos a la conflagración final.
No existe en las siguientes líneas más que el ánimo analítico que, desde el realismo, busca desmenuzar un momento de nuestra actualidad y extraer conclusiones del mismo.
El nuevo encuentro entre el presidente estadounidenses Donald Trump y su homólogo ucraniano Volodímir Zelenski en la Casa Blanca, celebrado el 28 de julio de 2026, atrajo la atención internacional, dominada por un ambiente de especulaciones no exento de una carga de morbo. La tristemente célebre reunión del 28 de febrero de 2025 entre ambos mandatarios proyecta una larga y ominosa sombra que condiciona cualquier escenario cada vez que el Presidente ucraniano visita Washington. El protocolo de ese día concedió un respiro al líder ucraniano: esta vez no hubo una conferencia de prensa en el Despacho Oval que pudiera convertirse en el presagio de un nuevo pelotón de fusilamiento público. Kiev tendrá algo más que agradecer al recientemente fallecido senador Lindsey Graham. Sus honores fúnebres obligaron a breves reuniones en privado.
Después de varios meses marcados por una serie de exitosas operaciones ucranianas de ataque en profundidad contra objetivos militares y energéticos rusos situados a cientos de kilómetros del frente, la reunión pareció reflejar un cambio significativo en el ambiente político de Washington. La disposición expresada por Trump en Ankara para considerar el otorgamiento de licencias que permitan la producción de misiles interceptores Patriot en Ucrania, aunada al creciente respaldo bipartidista en el Congreso estadounidense para endurecer las sanciones contra Moscú, alimentó la percepción de que Kiev había recuperado tanto la iniciativa militar como el impulso político.
No resulta difícil comprender esa interpretación. Por primera vez en muchos meses, Ucrania parecía estar moldeando los acontecimientos, en lugar de limitarse a reaccionar ante ellos. Sus ataques con drones de largo alcance evidenciaron una notable capacidad para imponer costos estratégicos en el interior del territorio ruso, mientras que la desaceleración de los avances terrestres de Moscú sugería que el equilibrio militar comenzaba a modificarse. En ese contexto, un Zelenski más seguro, aunque, supongo, protegido por una sana dosis de escepticismo respecto del resultado final de su visita, llegó a Washington con un ánimo renovado: no como el dirigente de un país que luchaba únicamente por sobrevivir, sino como el representante de unas fuerzas armadas capaces de innovar, adaptarse y sorprender, desde el punto de vista operacional, a su adversario.
Sin embargo, la realidad estratégica rara vez coincide plenamente con las apariencias políticas. El verdadero significado del encuentro entre Trump y Zelenski no puede evaluarse de manera aislada. Durante esos mismos días se produjo una serie de acontecimientos que trasciende ampliamente el ámbito de la política estadounidense. Diversos informes revelaron la reducción de los inventarios estadounidenses de misiles interceptores y otras municiones de precisión de largo alcance; Rusia intensificó su campaña de ataques aéreos contra ciudades ucranianas; Polonia volvió a experimentar los riesgos derivados de la proximidad del conflicto al territorio de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN); aparecieron indicios de una participación china más activa en el suministro de armamento a Irán, y una fábrica de drones perteneciente a una empresa estadounidense establecida en Kiev fue destruida por un misil ruso.
Considerado de manera aislada, cada uno de estos hechos podría interpretarse como un episodio más dentro de un entorno internacional crecientemente complejo. Analizados en conjunto, sin embargo, parecen apuntar a un fenómeno de mayor alcance. Todo indica que la guerra en Ucrania está dejando de ser un conflicto predominantemente europeo, respaldado por actores externos, para convertirse paulatinamente en uno de los escenarios de una confrontación estratégica mucho más amplia, en la que convergen Europa Oriental, el Medio Oriente, el Indo-Pacífico, la industria occidental de defensa y la rivalidad entre las principales potencias del sistema internacional.
Resulta todavía prematuro afirmar que esta convergencia sea definitiva. La historia ofrece ejemplos de guerras que generan momentos de aceleración y convergencia aparentes que posteriormente se diluyen sin modificar de manera sustancial las tendencias de fondo. No obstante, los acontecimientos recientes obligan a formular una pregunta distinta de la que dominaba el debate hace apenas unos meses. La cuestión ya no consiste únicamente en determinar si Ucrania ha logrado obtener un grado significativo de iniciativa militar o si Washington ha adoptado una actitud más favorable hacia Kiev. La interrogante esencial consiste en establecer si nos encontramos ante los primeros indicios de una nueva fase estratégica, en la que las decisiones políticas, las capacidades industriales, la innovación militar y los conflictos regionales comienzan a interactuar de manera mucho más estrecha que en el pasado.
La distinción no es menor. El impulso político y la capacidad estratégica evolucionan a ritmos diferentes. Una reunión presidencial, una declaración pública o una exitosa operación militar pueden modificar las percepciones en cuestión de días. En cambio, la movilización industrial, la ampliación de la producción de armamento, la formación de personal especializado y la adaptación de las cadenas logísticas son procesos que requieren años. A lo largo de la historia, numerosos líderes políticos han confundido el impulso político del momento con una ventaja estratégica duradera, solo para descubrir posteriormente que el equilibrio real de poder apenas había cambiado y que estaba lejos de traducirse en victorias sostenibles en el frente. La incursión ucraniana en Kursk, entre agosto de 2024 y abril de 2025, constituye un claro ejemplo. Hoy, el nuevo frente profundo abierto por Kiev configura una realidad que ha alterado profundamente la ecuación del combate.
Desde esta perspectiva, los acontecimientos que rodearon el encuentro entre Trump y Zelenski deben analizarse no solo como un episodio diplomático de gran visibilidad, sino como manifestaciones de tendencias estructurales más profundas. Los recientes éxitos militares de Ucrania son indiscutibles y no deben minimizarse. Por su parte, más allá de sus evidentes limitaciones estructurales, Rusia continúa demostrando una significativa capacidad para absorber reveses operacionales sin abandonar sus objetivos estratégicos. Entretanto, pese al optimismo que ha traído el aparente cambio de la marea, el entorno internacional se ha vuelto más complejo, más interdependiente y, probablemente, mucho más demandante para que el apoyo occidental a Ucrania se mantenga como un esfuerzo sostenido y coherente con la nueva realidad estratégica del conflicto.
Comprender estas dinámicas paralelas exige mirar más allá del encuentro celebrado en la Casa Blanca. La cuestión esencial no radica solo en si el presidente Trump ha adoptado una posición más favorable hacia Ucrania, ni siquiera en si la mantendrá. Más importante aún es determinar si el entorno estratégico dentro del cual deberán actuar tanto Washington como Kiev ha comenzado a transformarse de manera más profunda, hasta el punto de que el futuro del conflicto dependa menos del simbolismo diplomático que de factores como la capacidad industrial, la adaptación militar y la creciente interrelación entre escenarios estratégicos que hasta hace poco se analizaban por separado. Hoy tenemos una primera respuesta: Trump ha vuelto a recular y no habrá licencias para que Ucrania fabrique misiles interceptores Patriot. Sin embargo, la relación entre Trump y Zelenski está lejos de haber regresado al punto en que se encontraba en febrero de 2025.
La corta vida de un renovado impulso político tras Washington
A primera vista, la narrativa política que siguió al encuentro entre los presidentes Trump y Zelenski resultaba convincente. La visita tuvo lugar después de una de las etapas más exitosas de las operaciones ucranianas de ataque en profundidad desde el inicio de la invasión rusa a gran escala. Las fuerzas ucranianas demostraron una capacidad creciente para alcanzar objetivos estratégicos situados a gran distancia del frente, incluidas instalaciones energéticas, centros logísticos e infraestructura militar localizados a más de mil kilómetros del territorio bajo control de Kiev. Tales operaciones no solo impusieron costos económicos apreciables a Rusia, sino que también cuestionaron la percepción, largamente aceptada, de que la profundidad estratégica de su territorio constituía una protección efectiva frente a ataques sostenidos. Los estrategas rusos confrontan una nueva realidad: la guerra del futuro superará cualquier intento de relocalizar la industria militar, incluso más allá de los Urales.
Éxitos militares de esta naturaleza trascienden inevitablemente el ámbito estrictamente operacional. Influyen en los cálculos de los aliados, modifican las percepciones de los parlamentos, afectan las expectativas de la opinión pública e inciden en la disposición de los gobiernos para mantener o ampliar su respaldo político y militar. En Washington, donde el apoyo a Ucrania ha debido competir con otras prioridades estratégicas de alcance mundial, las recientes operaciones ucranianas han brindado nuevos argumentos a quienes sostienen que la asistencia occidental continúa generando rendimientos estratégicos tangibles. Simultáneamente, ha surgido una nueva narrativa: la marea ha cambiado; la victoria es posible, sostienen unos; una negociación más justa es hoy viable, afirma el bando realista.
En ese contexto, el anuncio del presidente Trump durante la cumbre de la OTAN celebrada en Turquía, relativo a la disposición de Estados Unidos para autorizar la producción bajo licencia de misiles interceptores Patriot en territorio ucraniano, reforzó la impresión de que Washington estaba dispuesto a inaugurar una nueva etapa de cooperación. Aun cuando permanecían sin resolver importantes cuestiones técnicas, industriales y contractuales, el significado político del anuncio era evidente. Tras varios meses marcados por la incertidumbre respecto de la orientación de la política estadounidense hacia Kiev, la Casa Blanca parecía contemplar la posibilidad de una asociación industrial más profunda, en lugar de limitarse a transferir, claro, previo pago, armamento procedente de sus propias existencias.
La evolución del debate político estadounidense contribuyó igualmente a fortalecer esa percepción. Diversas iniciativas bipartidistas orientadas a endurecer el régimen de sanciones contra Rusia evidenciaban que la resistencia frente a Moscú seguía contando con apoyos significativos en ambos partidos, pese a las diferencias existentes sobre el alcance y la duración del compromiso estadounidense. Paralelamente, algunas figuras influyentes dentro de sectores ultraconservadores, tradicionalmente escépticos o incluso opuestos al apoyo a Ucrania, comenzaron a matizar sus posiciones tras conocer de primera mano la evolución del conflicto.
Considerados en conjunto, estos elementos parecían indicar que Ucrania había recuperado un margen político en Washington que pocos habrían considerado posible apenas unos meses antes. Ese margen, debo anotar, debería materializarse en hechos concretos; sin ellos, el impulso político es mera retórica.
No obstante, conviene distinguir cuidadosamente entre impulso político y transformación estratégica. En ese sentido, se puede decir que los límites del impulso político son la capacidad industrial y la restricción de los inventarios de misiles.
La hipótesis de un renovado impulso político generado durante la visita del presidente Zelenski a Washington descansaba sobre un supuesto fundamental: que un mayor respaldo político terminaría traduciéndose en un incremento efectivo de las capacidades militares de Ucrania. Sin embargo, los acontecimientos recientes sugieren que esa relación pronto comenzaría a verse condicionada por factores que la mera expresión de voluntad política, por sí sola, no puede resolver.
Además, la principal limitación ya no parece residir exclusivamente en la disposición de los gobiernos occidentales para apoyar a Kiev. Comienza a radicar, cada vez más, en la capacidad industrial. El apoyo militar de Occidente a Ucrania ha dado saltos cuantitativos y cualitativos. En 2022, la primera oferta de ayuda alemana se limitaba a poner a disposición de Kiev 5000 cascos para su ejército. Hoy, la ayuda europea es mayoritaria y el apoyo financiero y militar de Occidente, en su conjunto, se acerca a los 300 000 millones de euros.
Durante buena parte de la guerra, el debate sobre la asistencia militar occidental estuvo dominado por decisiones eminentemente políticas: autorizar o no el envío de sistemas de armas cada vez más sofisticados, flexibilizar las restricciones sobre su empleo o ampliar el respaldo financiero a Ucrania. Esas discusiones fueron, sin duda, decisivas. No obstante, conforme el conflicto se prolonga, tienden a ocultar una realidad mucho más elemental: ningún sistema de armas puede transferirse si ya no existe en cantidades suficientes, ni la producción industrial puede multiplicarse de manera inmediata por el simple hecho de que así lo decidan los responsables políticos.
Hoy, diversos informes de fuentes abiertas sobre la reducción significativa de los inventarios estadounidenses de misiles interceptores ilustran con particular claridad esta nueva realidad estratégica. En concreto, dichos informes señalan que las existencias de misiles Patriot se han reducido en dos terceras partes a partir de la guerra con Irán.
En general, las estimaciones relativas a la disminución de las existencias de misiles Patriot, THAAD, SM-3, SM-6, JASSM, Tomahawk y otras municiones guiadas de alta precisión no deben interpretarse únicamente como datos logísticos o presupuestales. Constituyen indicadores de naturaleza estratégica. La capacidad de disuasión contemporánea depende no solo de la sofisticación tecnológica de los sistemas de armas, sino también de la confianza en que estos se encuentran disponibles en cantidades suficientes para sostener operaciones simultáneas en diversos teatros.
Esta consideración adquiere especial relevancia por una razón frecuentemente soslayada. La reducción de los inventarios estadounidenses no obedece de manera determinante al apoyo brindado a Ucrania. Más aún, la mayor parte del consumo reciente responde a las operaciones desarrolladas por Estados Unidos en el Medio Oriente, donde los sistemas interceptores han sido empleados intensamente para proteger a las fuerzas estadounidenses y a sus aliados regionales frente a sucesivas oleadas de misiles balísticos y drones iraníes.

La política migratoria de Donald Trump
Manuel Garcia y Griego / La política migratoria de Donald Trump durante su segundo periodo de gobierno puede criticarse desde muchos ángulos por ser exagerada, violenta, cruel, y autoritaria. No obstante, debemos reconocer que la Casa Blanca ha logrado algunos de sus objetivos. Se han detenido los cruces por la frontera con México. Se ha provocado un gran terror entre migrantes en muchas ciudades y, así, alentado el regreso de miles de migrantes por cuenta propia a sus países de origen. Est
Manuel Garcia y Griego
/ La política migratoria de Donald Trump durante su segundo periodo de gobierno puede criticarse desde muchos ángulos por ser exagerada, violenta, cruel, y autoritaria.
No obstante, debemos reconocer que la Casa Blanca ha logrado algunos de sus objetivos. Se han detenido los cruces por la frontera con México. Se ha provocado un gran terror entre migrantes en muchas ciudades y, así, alentado el regreso de miles de migrantes por cuenta propia a sus países de origen.
Esto reduce el costo de detenerlos y expulsarlos. Se ha reducido a cero el flujo neto de inmigrantes. Pero antes que celebren estos resultados, los encargados de esta política de la Casa Blanca y del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) deben analizar las consecuencias económicas y políticas del mediano plazo.
Empecemos por las consecuencias económicas. Las deportaciones se vendieron en la campaña presidencial de 2024 apoyándose en dos supuestos falsos. Un supuesto afirmaba que por cada migrante deportado habría un nuevo empleo para un norteamericano. El segundo, que los extranjeros expulsados de Estados Unidos serían aquellos que hubiesen cometido delitos mayores. La creación de nuevos empleos ocupados por norteamericanos ha sido casi cero. La gran mayoría de las expulsiones ha sido de personas no criminales que llevaban bastante tiempo residiendo en sus comunidades, con todo lo que eso implica en términos de relaciones familiares y amigos vecinos.
Como resultado de la expulsión, de la detención o del regreso por cuenta propia de un sinnúmero de migrantes, algunos sectores –la agricultura, ciertos servicios, la construcción– han enfrentado serios problemas por falta de mano de obra. Por ello, algunos agricultores buscan el aumento de visas para trabajadores temporales. Han clausurado negocios de servicios en ciudades donde predominan trabajadores inmigrantes: por ejemplo, la tiendita de la esquina y el restaurante local. Las demoras y los costos de construcción han aumentado.
En gran parte, Trump ganó su reelección por la mayor proporción de votantes latinos convencidos que un hombre de negocios en el poder mejoraría las condiciones económicas y que las prometidas deportaciones afectarían a criminales, no a sus parientes ni a sus amigos vecinos. Esos votantes han cambiado de opinión, tanto por las medidas arancelarias de Trump que han elevado el costo de mercancías importadas, como por las violentas operaciones de deportación de migrantes sin antecedentes criminales. Por ello, los candidatos del partido demócrata cobran nueva vida en el sur de Texas. La muerte a balazos de dos norteamericanos por agentes del ICE en Minnesota despertó una fuerte reacción del público norteamericano. El resultado ha sido la jubilación del agente de la Border Patrol a cargo de la operación y el despido el mes pasado de la responsable del Departamento de Seguridad Nacional. El tema de la migración, que le había favorecido electoralmente en 2024, se ha convertido en lastre político para el partido republicano en 2026.
Trump y sus asesores se han dado cuenta que se les pasó la mano. Siguen las campañas de deportación, ahora sin invitar a reporteros para celebrar la noticia. Pero esto ha generado otro problema político inesperado. Los votantes republicanos MAGA (Make America Great Again), se acostumbraron a hacer la equivalencia entre deportaciones con mucha atención política en los medios de comunicación y el efectivo control de migración. Sospechosos de todo, algunos votantes MAGA protestan que Trump está dando marcha atrás. Presionan para regresar a la política migratoria anterior, y de no lograrse, señalan una menor participación en las elecciones de noviembre.
Como se observa, no es sencillo el tema de la política migratoria en Estados Unidos, incluso para el partido republicano. La política de alta violencia y amplia publicidad parecía asegurarle a Trump y a su partido el apoyo entusiasta de una facción importante de su partido. Pero esa política le ha costado cierto apoyo entre los nuevos votantes, latinos y otros. Y el intento de aminorar esfuerzos, pensando en el electorado general, complica el apoyo de algunos republicanos. La política migratoria de Trump, aparte de otras medidas poco populares, puede costarle al partido republicano, en las próximas elecciones de medio término, la actual mayoría que tiene en los escaños del congreso federal.
https://oem.com.mx/elsoldemexico/analisis/la-politica-migratoria-de-donald-trump-30068312
El papel de China en materia de comercio e inversiones con países de América del Norte
PARTICIPANTES: Emb. Chen Daojiang, Embajador, República Popular de China en México Emb. Andrés Rozental, Presidente fundador, COMEXI Dr. Eduardo Tzili, Senior Fellow, Unidad de Estudio y Reflexión sobre China, COMEXI
PARTICIPANTES:
Emb. Chen Daojiang, Embajador, República Popular de China en México
Emb. Andrés Rozental, Presidente fundador, COMEXI
Dr. Eduardo Tzili, Senior Fellow, Unidad de Estudio y Reflexión sobre China, COMEXI








El papel de China en materia de comercio e inversiones con los países de América del Norte
El Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI) y la Unidad de Estudio y Reflexión sobre China, presentan el análisis: “El papel de China en materia de comercio e inversiones con los países de América del Norte". El documento analiza cómo China se ha convertido en un actor central en la economía global y su presencia impacta directamente en América del Norte. Mientras Estados Unidos de América y Canadá endurecen regulaciones frente a capital chino en sectores estratégicos, México enfren
El Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI) y la Unidad de Estudio y Reflexión sobre China, presentan el análisis: “El papel de China en materia de comercio e inversiones con los países de América del Norte".
El documento analiza cómo China se ha convertido en un actor central en la economía global y su presencia impacta directamente en América del Norte. Mientras Estados Unidos de América y Canadá endurecen regulaciones frente a capital chino en sectores estratégicos, México enfrenta señales contradictorias: recibe inversiones en manufactura, electrónica y automotriz, pero también impone aranceles y frena proyectos por presiones de Washington.
El análisis ofrece un diagnóstico, escenarios posibles y recomendaciones clave, enfatizando que México debe construir una narrativa estratégica que combine la estabilidad del T-MEC con la innovación y el financiamiento ofrecidos por China. Solo un enfoque pragmático, claro y coherente permitirá reducir vulnerabilidades, fortalecer cadenas de valor y proyectar a México como socio confiable y competitivo en la economía global.
EL ÁRTICO
La UER Rusia + presenta "El Ártico". Un documento de análisis esrito por Rubén Beltrán, Alejandra López de Alba, Diego Bentriz, Sebastián Garfias, Rainer Matos y Paulina Palencia. El_Ártico (2)El_Ártico (2).pdf5 MBdownload-circle
La UER Rusia + presenta "El Ártico". Un documento de análisis esrito por Rubén Beltrán, Alejandra López de Alba, Diego Bentriz, Sebastián Garfias, Rainer Matos y Paulina Palencia.
EL HORIZONTE RUSO: BALANCE DE 2024 Y ESCENARIOS EN 2025
La Unidad de Estudio y Reflexión Rusia+ presenta: "El horizonte ruso: balance de 2024 y escenarios en 2025". Este documento analiza la situación de Rusia al cierre de 2024 y sus perspectivas para 2025, abordando desafíos económicos, geopolíticos y el conflicto en Ucrania. Se destacan las presiones internas por la guerra, el impacto de sanciones y el papel de actores clave como Siria, Asia Central, China, Europa y la OTAN, Estados Unidos y América Latina. El_horizonte_ruso._Balance_de_2024_y_es
La Unidad de Estudio y Reflexión Rusia+ presenta: "El horizonte ruso: balance de 2024 y escenarios en 2025".
Este documento analiza la situación de Rusia al cierre de 2024 y sus perspectivas para 2025, abordando desafíos económicos, geopolíticos y el conflicto en Ucrania. Se destacan las presiones internas por la guerra, el impacto de sanciones y el papel de actores clave como Siria, Asia Central, China, Europa y la OTAN, Estados Unidos y América Latina.
HABLEMOS DE BIENES PÚBLICOS GLOBALES
Eduardo Tzili-Apango En un reciente artículo titulado “Las cuatro iniciativas globales constituyen un importante bien público internacional”, el embajador de China en México, Chen Daojiang, recordó que la cooperación internacional no es una opción moral, sino una necesidad práctica –algo que el mundo parece haber olvidado. En tiempos de crisis climática, inequidades económicas y tensiones geopolíticas, el destino común de la humanidad depende cada vez más de nuestra capacidad para producir y p
Eduardo Tzili-Apango
En un reciente artículo titulado “Las cuatro iniciativas globales constituyen un importante bien público internacional”, el embajador de China en México, Chen Daojiang, recordó que la cooperación internacional no es una opción moral, sino una necesidad práctica –algo que el mundo parece haber olvidado.
En tiempos de crisis climática, inequidades económicas y tensiones geopolíticas, el destino común de la humanidad depende cada vez más de nuestra capacidad para producir y proteger lo que los economistas e internacionalistas denominamos como “bienes públicos globales”.
¿Qué son los bienes públicos globales (BPG)? En términos simples, son aquellos bienes, procesos o dinámicas que benefician a todas y todos. A diferencia de los bienes privados –como una casa o un automóvil–, los bienes públicos globales son no excluyentes (nadie puede ser dejado fuera de su beneficio), no rivales (el hecho de que alguien los use no reduce su disponibilidad para otros), globales en su alcance (trascienden fronteras nacionales) e intergeneracionales (sus efectos se extienden al futuro).
El aire limpio, la estabilidad climática, la paz internacional, la salud pública y el conocimiento científico son ejemplos claros. Así, los BPG son bienes que, si se pierden o deterioran, afectan a todos; y si se fortalecen, todos ganan. Sin embargo, su naturaleza colectiva implica un desafío, pues nadie tiene el incentivo exclusivo de financiarlos o protegerlos, porque los beneficios se reparten globalmente. De ahí surge la conocida “tragedia de los comunes”, donde la falta de cooperación lleva al deterioro de lo que es del público, global en este caso.
Frente a este dilema, la comunidad internacional necesita Estados capaces y dispuestos a liderar la provisión de BPG. En las últimas décadas, China ha asumido un papel cada vez más activo en esta tarea. Las cuatro iniciativas promovidas por el presidente Xi Jinping –Iniciativa para el Desarrollo Global, Iniciativa para la Seguridad Global, Iniciativa para la Civilización Global, e Iniciativa para la Gobernanza Global (IGG)– son ejemplos de cómo un país puede traducir su poder económico y diplomático en propuestas concretas de cooperación para el bien común.
Estas iniciativas no sólo buscan promover la paz o la prosperidad, sino también ofrecer una alternativa al enfoque competitivo que domina la política internacional. La lógica de estas se basa en el reconocimiento de que los grandes desafíos del siglo XXI –desde el cambio climático hasta la regulación tecnológica– no pueden resolverse de manera unilateral. En este sentido, China plantea una visión de gobernanza global centrada en la equidad, la inclusión y la interdependencia, donde el desarrollo y la seguridad no son privilegios nacionales, sino derechos compartidos.
Por supuesto, esta visión genera debates y tensiones. Algunos países interpretan la expansión del papel de China como una estrategia de influencia, mientras que otros ven en ella una oportunidad para diversificar las fuentes de liderazgo mundial. Lo cierto es que, en un sistema internacional marcado por la fragmentación y el retorno del nacionalismo, cualquier actor que impulse la cooperación merece ser escuchado.
Así, hablar de bienes públicos globales es hablar del futuro mismo del planeta. Si el mundo logra transitar de la competencia hacia la corresponsabilidad, si la innovación tecnológica y la economía se orientan a sostener la vida y no sólo el lucro, habremos dado un paso decisivo hacia un orden más estable y humano.
En el fondo, el mensaje del embajador Chen es un recordatorio de que la humanidad aún tiene la capacidad de construir bienes comunes universales. Pero, para hacerlo, necesitamos más diálogo, más cooperación y menos desconfianza. Los bienes públicos globales no se heredan ni se producen solos; se construyen, se cuidan y se comparten.
Participación en El Sol de México
MÉXICO Y BRASIL FRENTE A LA OPORTUNIDAD DE PROFUNDIZAR SUS RELACIONES ECONÓMICAS Y COMERCIALES
Nombre: México y Brasil frente a la oportunidad de profundizar sus relaciones económicas y comerciales Fecha: Martes 29 abril Hora: 9:00 am
Nombre: México y Brasil frente a la oportunidad de profundizar sus relaciones económicas y comerciales
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